El mercado, es decir el negocio inmobiliario, está disfrutando de una primavera de negocios, sin control ni sanción de parte del Estado.
El Decreto de necesidad y urgencia que Milei firmó en diciembre de 2023 (DNU 70/23), no solo terminó con el único instrumento que teníamos los inquilinos para poder sostener derechos mínimos sobre expensas, frecuencia de aumento, plazo mínimo del alquiler.
La prédica miserable con que el gobierno nacional festeja la derogación de la ley de alquileres, habilitó a los rentistas y las inmobiliarias a realizar contratos leoninos, salvajes y siempre contrarios a nuestro bolsillo, con cláusulas que hace tres años hubiesen parecido un chiste de humor negro, y exigencias como “tenés que hablar con FINAER porque no aceptamos otra garantía”.
El empobrecimiento generalizado, la pérdida de vivienda alquilada por no poder afrontar un aumento, la búsqueda de más empleos para terminar entregando nuestros ahorros a la inmobiliaria, se convirtió en una costumbre habitual y constante.
Los beneficiarios de este plan siniestro contra el bolsillo inquilino, aprovechan la oportunidad que les brinda el gobierno, gran cantidad de políticos y los medios de comunicación, para decir que las cosas andan muy bien, que ahora hay mucha oferta y mucha demanda, y por lo tanto que eso es suficiente para decir que estamos todos contentos y mejor que cuando “la nefasta ley de alquileres” estaba vigente.
Falsos, siniestros, mentirosos. Sabemos bien por cada uno de nosotros y nosotras, por las encuestas que realizamos trimestralmente como organización, por tu situación y la de tu vecina que también alquila, que la estamos pasando muy mal mientras ellos -los propietarios y las inmobiliarias- se están llenando los bolsillos de dinero con la plata nuestra.
Necesitamos empezar este año 2026 mucho más juntos, porque la avalancha nos está atropellando de a uno, y somos millones los que alquilamos en la Argentina.
Necesitamos ser un Sindicato de Inquilinas e Inquilinos, actuar gremialmente, intervenir en las paredes, en las calles, en las plazas. Y también con propuestas nuevas pero lo suficientemente claras y contundentes para parar esta maquinaria voraz y ambiciosa que nos oprime y nos quita el sueldo y el sueño.