El 24 de junio de 2007, Mauricio Macri se aseguraba el acceso al palacio municipal al ganar el balotaje contra Daniel Filmus. Entre la crisis de Cromagnon, la caída de Ibarra, la transición de Telerman, los intentos por domar al mercado irrespetuoso, ganador y prepotente, y las leyes necesarias para que una sola entidad controlase los negocios futuros, llegó el macrismo al gobierno de la ciudad de Buenos Aires. El “corralito urbano”, como había bautizado el mercado inmobiliario a algunas restricciones que tenían para construir donde se les antojara, finalizó formalmente el 7 de septiembre del 2007, cuando la Cámara de Apelaciones de la ciudad revocó una cautelar que protegía 45 manzanas del barrio de Las Cañitas y La Imprenta.
Mientras en nuestra ciudad se avanzaba sobre la plusvalía aérea, en Europa se desataba el pánico por la crisis de las hipotecas subprime –hipotecas basura–. Los beneficios que el mercado ofrecía a los inversores, sumado a un sistema financiero que brindaba a los nuevos propietarios préstamos hipotecarios de muy fácil acceso, contribuyó a una suba del precio de las viviendas, que a su vez se trasladó a la deuda hipotecaria. Pero durante el 2006 la burbuja reventó: el precio de las viviendas cayó de manera vertical, las hipotecas se convirtieron en una deuda imposible de pagar y las ejecuciones se multiplicaron hasta superar el millón de viviendas, prácticamente uno de cada 92 hogares estadounidenses.
En las relaciones domésticas –las que regían el alquiler de vivienda familiar en la ciudad de Buenos Aires– se inició la etapa de abusos inmobiliarios, quizás por una coincidencia de época y también por indiferencia estatal. Había llegado el momento de hacer negocios de mayor a menor. En los alquileres, cobraban uno o dos meses de comisión a los inquilinos.
Fue la punta del iceberg de una novedosa organización de inquilinos atacó desde el comienzo, porque era el lugar más visible del abuso y la pedantería del comerciante: cobrar la comisión doble, acomodar el negocio para llevarse la parte más interesante de la tajada a costa del esfuerzo inquilino. El mercado se había acomodado el saco y salía a ganar dinero como fuera.
Y también se empezaba a incubar Inquilinos Agrupados.
(Info del libro La Desigualdad bajo techo, Más de cien años de alquiler).